Chris Sanders, el director tras Lilo & Stitch (2002) y Cómo entrenar a tu dragón (2010) -ambas junto a Dean DeBlois-, vuelve con una obra que desmonta las convenciones sobre lo que significa ser madre, estar vivo o, simplemente, existir. Robot Salvaje no es una película sobre robots que imitan a humanos, sino sobre cómo la humanidad puede nacer en los lugares más inesperados: entre el crujir de las hojas, el chillido de los pájaros y el ruido metálico de una máquina que aprende a cuidar.

Roz (voz de Lupita Nyong’o), un robot de aspecto angular y funciones desconocidas, naufraga en una isla virgen habitada por animales salvajes. Su llegada altera el ecosistema: los lobos (Ving Rhames) desconfían, las tortugas (Bill Nighy) filosofean con escepticismo, y los zorros (Pedro Pascal) intentan sobrevivir con astucia. Pero todo cambia cuando Roz adopta un ganso huérfano, Brightbill (Kit Connor), y comienza un viaje de aprendizaje mutuo. Aquí no existen manuales ni programación: sólo observación, errores y la paciencia lenta de la naturaleza.

 

Reseña: The Wild Robot, una obra maestra de DreamWorks - WARP.la

 

Animación y narrativa: El contraste como lenguaje

El diseño visual de DreamWorks es un ejercicio de minimalismo inteligente. Allí donde otros estudios optarían por hiperrealismo o colores chocantes, esta película elige trazos orgánicos y texturas que parecen respirar. La isla no es un escenario, sino un organismo: los ríos fluyen con ritmo propio, los árboles se balancean con pesadez realista, y las tormentas dejan secas que Roz debe aprender a navegar. La paleta de colores —terrosos, verdes apagados, azules profundos— subraya el tono contemplativo de la historia.

La relación entre Roz y Brightbill es el corazón de la película. Nyong’o da vida a la máquina con una vocalización que mezcla frialdad mecánica y ternura improvisada. No hay monólogos emotivos: sus actos —proteger al pollito, limpiar plásticos de la playa, imitar los gritos de los patos— hablan más que cualquier discurso. Brightbill, por su parte, evoluciona desde un borboteo inocente hasta un adolescente alzado, cuestionando la naturaleza de su «madre» con preguntas que ningún algoritmo podría responder.

 

Tecnología vs. Naturaleza: Una guerra sin bandos

El guion evita el maniqueísmo fácil. Los humanos no son retratados como malos, sino como seres distantes que crean máquinas sin entender sus consecuencias. Cuando aparecen en el tercer acto, lo hacen como una fuerza impersonal: armaduras robóticas que destrozan el bosque con la misma facilidad que un niño saca figuras de arena. La crítica ecológica es evidente, pero nunca condescendiente. Sanders muestra el lado más crudo de la supervivencia —muerte, miedo, soledad— sin edulcorarlo, pero también sin caer en el pesimismo.

Los personajes secundarios aportan profundidad y humor. El zorro Fink (Pedro Pascal) es la antítesis de Roz: cínica, egoísta, pero capaz de actos imprevisibles de lealtad. Su dinámica con la robot –una mezcla de desconfianza y curiosidad– recuerda que hasta los instintos más salvajes pueden dar lugar a conexión.

 

Crítica: Robot salvaje (The Wild Robot) - Rolling Stone en Español

 

Luces y sombras: Donde la perfección no existe

A pesar de todo, el tercer acto no llega a estar a la altura de lo visto hasta entonces. La fuga caótica con robots asesinos, aunque emocionante, choca con el ritmo meditativo de la primera mitad. Parece una concesión a la expectativa de acción, como si el estudio desconfiara que el público pudiera engrosar sólo con diálogos y paisajes. Sin embargo, Sanders salva la situación con momentos de rara belleza, como una secuencia submarina donde las luces artificiales de los robots se funden con la bioluminiscencia de las medusas.

 

Robot salvaje es una lección escrita en código y barro

Robot salvaje es un recordatorio de que el amor no se programa, se aprende. No es una película perfecta —algunas elecciones narrativas estorban—, pero su honestidad es su mayor virtud. DreamWorks demuestra que se puede hablar a los niños de temas complejos (muerte, ecología, inteligencia artificial) sin miedo y adultos sin paternalismos.

En un mundo obsesionado con la velocidad y la eficiencia, esta historia celebra la lentitud, errores y relaciones que se construyen chocando, como las ondas contra las rocas. Y cuando los créditos comienzan, una pregunta permanece: Cuando una máquina puede criar mejor que muchos humanos… ¿qué dice esto de nosotros?

 

Leave a comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.