Ya han pasado un par de días des de que terminara la decimotercera edición del Americana Film Fest y la resaca de festival y del final de la temporada de premios me han exigido condensar todo lo que queda por discutir en este masivo texto final.
Mi fin de semana consistió en la reclusión en los cines Girona y Texas de Barcelona, con un total de 7 visionados entre el sábado y el domingo. El encierro voluntario, especialmente el sábado, supuso un alivio ante una meteorología tétrica para el clima mediterráneo al que me tiene acostumbrado la ciudad condal. Así pues, el fin de semana arrancó con el visionado de Rebuilding, dirigida por Max Walker-Silverman y protagonizada por Josh O’Connor.
La película -que se alzó con el premio del público en el festival- sigue a un cowboy que reconecta con su hija y su exesposa al trasladarse a un campamento de emergencia tras unos incendios que lo han dejado sin trabajo ni perspectiva de futuro. Como hemos ido viendo en otros títulos a lo largo de la edición, la empatía cobra mucha importancia y es el elemento que da sentido a la película. El personaje principal, encarnado por un contenido y siempre excelente O’Connor, se encuentra en la situación de haber cometido muchos errores, pero ni el director ni el resto de personajes le permiten arrastrar con la culpa y el film apuesta siempre por mirar hacia adelante.
La cinta tiene elementos que remiten al cine de Chloé Zhao, especialmente a Nomadland por su devoción por los paisajes de la América rural y por las comunidades marginales que subsisten en carreteras y campamentos. El reparto, completado por Amy Madigan (flamante ganadora del Oscar por Weapons), Meghann Fahy y Lily LaTorre (ha sido la edición de las grandes interpretaciones infantiles), está a la altura y desprende la autenticidad y la sensibilidad que el guion exige. Sin duda, es uno de los títulos del festival por su optimismo en tiempos oscuros y el cariño que muestra por sus personajes.

La lluviosa pausa entre está película y la siguiente me dio margen para comer y una siesta exprés que revitalizó mis ánimos para volver al cine. Y valió la pena volver porque me encontré con, probablemente, la mayor joya del festival. Blue Heron (Sophy Romvari) condensa todo lo que ha representado esta edición del Americana y lo hace con un relato emotivo y una forma metacinematográfica muy estimulante. El filme habla de una familia que vive en la inestabilidad por la condición mental de su problemático hijo mayor. El relato se cuenta a través de los ojos de la hermana pequeña, incapaz de entender, por un lado, el comportamiento de su hermano y, por otro, la excepcionalidad de una situación tan delicada.
La película da un vuelto cuando esta incomprensión se plasma en la versión adulta de la protagonista que dialoga con su pasado a través del recuerdo, el cine y la conexión con aquellos que conocían a su hermano en ese momento de su vida. Blue Heron no tiene miedo de tocar muchos temas de temática social -la salud mental, la familia, la inmigración…- sin resultar aleccionadora, sino que, como la niña protagonista, habla de todo ello con curiosidad y sin juicio. La mirada de la película recuerda a un film como Aftersun (Charlotte Wells), por su impacto emocional, su sensibilidad y este diálogo entre infancia y madurez que muta en trauma o frustración. Insisto en que es de lo más interesante e interesante que he podido ver estos días y deseo que tenga algún tipo de distribución comercial en España.

Y de un cine a otro bajo la lluvia para cambiar radicalmente de registro y ver Mi mitad perdida (James Sweeney), que ya tenéis en Movistar+. Sigue el duelo de un joven (Dylan O’Brien) tras la muerte de su hermano gemelo y su conexión con un compañero de su grupo de terapia (el propio Sweeney). Lo mejor de la película es su tono y como triunfa al intentar mezclar un relato devastador sobre la pérdida con la forma de una comedia de enredos estridente y absurda. Los gags funcionan a la perfección y deja aflorar un humor negro a través de chistes sobre la muerte que no llega a ser nunca de mal gusto. Ahora que está en plataformas recomiendo echarle un vistazo porque arranca risas y lágrimas a partes iguales gracias a su reivindicable guion.

Descanso merecido y última sesión del sábado. Fue el turno de Splitsville (Michael Angelo Corvino) con cerveza en mano a cargo de un patrocinador del evento. Si Mi mitad perdida era una comedia equilibrada en tono y mensaje, en esta ocasión las sutilezas se quedaron en la puerta. Es un disparate que habla de como las relaciones y el sexo convierten a los adultos en poco más que niños malcriados y lo hace con un reparto funcional en el que destacan Dakota Johnson y Adria Arjona.
Las vidas sentimentales de dos parejas de amigos se entremezclan cuando una de ellas decide divorciarse y la otra abre su relación. Hablamos de una comedia con todas las letras que consigue construir gags muy eficientes que van de una comedia física que roza el slapstick (una mansión es destrozada en una testosterónica discusión) hasta el absurdo de la nueva comedia americana (el director de colegio que se pone a la altura de Martin Luther King y Nelson Mandela). Sin embargo, es algo inconsistente en su construcción narrativa y sufre la falta de empatía hacia sus protagonistas que estaba siendo una de las constantes de la programación del festival.

Ocho merecidas horas de sueño y de vuelta al ruedo para sentarse a ver Lurker (Alex Russell) el domingo por la mañana. Es una película sobre la obsesión que sigue a un fan que, por azar e insistencia, consigue entrar en el séquito de su estrella del pop favorita. La película cuestiona la hipocresía de la industria del espectáculo, tanto del lado de las estrellas como de los fans, y ahonda en la soledad que sentimos incluso rodeados de gente.
La película resulta bastante inconsistente y tiende a volverse repetitiva en los intentos sociopáticos del protagonista por forzar un vínculo real con el cantante. Sin embargo, logra momentos interesantes cuando la forma se vuelve menos convencional, jugando con el video casero y bebiendo de la forma del videoclip. Los temas que plantea la cinta resultan actuales y jugosos, pero la forma no termina de hacerlos llegar a ningún sitio.

Comida familiar esquivando la maratón de Barcelona y de vuelta al cine para acudir al pase de Tow (Stephanie Laing). Este drama basado en hechos reales sigue a Rose Byrne interpretando a una mujer que vive en la indigencia en Seattle. Tras el robo de su coche (donde vive) se ve incapaz de pagar la cuota del depósito donde ha ido a parar y decide emprender acciones legales, a pesar de no tener donde dormir. La película funciona, principalmente, porque Byrne es una actriz excepcional y la historia conecta fácilmente con la audiencia. Sin embargo, el catálogo de caras conocidas (Dominic Sessa, Octavia Spencer, Simon Rex, Demi Lobato, Ariana DeBose) y la estructura tópica del relato la acercan más a una película de Hollywood de domingo por la tarde que a una joya indie que descubrir.

Por último, llegó el plato fuerte -al menos sobre el papel- del festival. The History of Sound (Oliver Hermanus) compitió por la Palma de Oro en la pasada edición del festival de Cannes y cuenta con todos actores de primer nivel como Paul Mescal y Josh O’Connor. Se trata de un drama queer en la que la relación entre dos jóvenes que se dedican a recopilar música folklórica en la Estados Unidos de inicios del siglo XX repercute en el devenir de sus vidas.
Hermanus dedica mucho mimo a la estética y fructífera en sus esfuerzos por capturar la belleza de una América rural en crecimiento, con sus tradiciones y su gente. Los momentos en los que los protagonistas buscan capturar ese intangible que es la belleza son los momentos en los que el cineasta está más cerca de hacer lo propio. Por el resto, la película es algo rígida, dilatando la penuria del personaje de Mescal a lo largo de décadas para subrayar la importancia de ese amor de juventud. Fue bonito ver la sala abarrotada y sentir el silencio en los momentos más catárticos, pero es una pena que no llegue a funcionar de forma regular a lo largo de todo el metraje.

Hasta aquí mi repaso a todo lo que he visto en esta edición. Esperamos poder cubrir más festivales para vosotros y el año que viene volver con lo mejor del cine indie norteamericano.

