El pasado jueves 16 de enero, me encontraba en el metro camino a La Filmoteca, de repente un amigo mío me dijo que David Lynch había muerto, y un golpe de realidad me atacó al corazón, sensación que he tenido muy pocas veces a lo largo de mi vida. Me bajé del metro, y caminando hacia el transbordo pensé en como David Lynch me había marcado, no solo a partir de sus películas, sino de su forma de vivir la vida. Considero que, sin David Lynch, yo no sería quien soy hoy en día.
Su muerte me trajo al borde del llanto, llevo días pensando en como es posible que se haya ido tan rápidamente, y hora tras hora pienso en como cambió la vida de muchísimos espectadores alrededor del mundo entero. Mi primer acercamiento a él fue a través de Twin Peaks, tenía 12 años, y cuando vi el episodio 3, donde Dale Cooper (Kyle MacLachlan) aparece por primera vez en la Black Lodge, me cambió la vida por completo. No comprendía lo que sucedía y me creó una sensación que realmente me despertó y me cautivó durante muchísimo tiempo. Era muy joven, tenía mucho cine por descubrir, pero ese capítulo me abrió las puertas a lo desconocido. Todo lo que tenía de certera la vida, a los 12 años, se acabó por completo. Era extremadamente feliz al saber que todo podía ir más allá, y David Lynch me lo demostró en una escena de 10 minutos.

Desde entonces, solo fui creciendo poco a poco con su cine. Twin Peaks me hizo enamórame por completo del mundo audiovisual, y su tercera temporada ya ni puedo explicar lo que supuso para mi vida en general, literalmente el audiovisual murió después de Twin Peaks: The Return (2017). Entonces vi todo su cine de arriba abajo sin parar, me escuchaba sus bandas sonoras, seguía sus métodos creativos y aprendí muchísimo de la vida en general. Nunca dejaré de pensar en la primera vez que vi Mulholland Drive (2001) o Inland Empire (2006), experiencias que nunca en mi vida se volverán a repetir, pero su recuerdo será eterno. Además, me empezó a interesar su música, sus pinturas, sus escritos… Era todo bellísimo, todo lo que tocaba Lynch era automáticamente oro para mí.
Aun así, lo más bello de David Lynch es que su persona trasciende su cine. Nos remontamos al marzo de 2020, la pandemia acababa de empezar. Yo volvía a estar obsesionado con David Lynch porque se anunciaba un posible proyecto futuro junto a Netflix, y recientemente se estrenaba What did Jack do en la misma plataforma. Yo tenía 14 años, y la pandemia me resultaba un fenómeno un poco extraño, no podía salir de casa y necesitaba los estímulos que un joven de 14 años suele necesitar. Sin darme cuenta, me encontré en una tristeza bastante profunda. Me sentía un poco solo y no encontraba un remedio a mi tristeza pandémica. Pero creo que pude salir adelante por el simple hecho de ver sus diarios Weather Reports. Ese canal de YouTube, donde David Lynch hablaba del tiempo en Los Ángeles, conversaba de lo que hacía cada día, sus proyectos artesanos, se arreglaba los pantalones, deseando a todo el mundo paciencia y amor porque el futuro lucía bellísimo. Recomendaba canciones, hablaba de amigos y hacía cortos experimentales… Todo eso y mucho más fue creciendo diariamente, y yo sentía que subsistía por esos vídeos aparentemente absurdos pero llenos de un optimismo necesario en ese momento de mi vida.

Aún recuerdo quedarme hasta tardísimo en esos momentos de oscuridad, viendo sus cortos, intentando encontrar su sentido y viendo entrevistas suyas. Era un tiempo de plena tristeza mundial, pero yo me sentía lleno de vitalismo al pasar tiempo a su lado digitalmente. Recuerdo publicar comentarios en sus weather reports, y la gente me conocía y se creó una comunidad preciosa. Donde él mismo respondía a los comentarios y daba like a estos. Me encanta pensar que a pesar del caos mundial, cientos de personas se sentían a salvo a su lado, y yo me incluyo.
Cuando pasó la pandemia el mundo había cambiado y yo también. Pero sentía que él seguía al lado de todos esos cientos de personas. No estaba preparado para ese nuevo mundo, así que empecé a meditar, y realmente aprendí gracias a David Lynch. Su Atrapa al pez dorado no solo era un libro para mi creatividad, era realmente una biblia de enseñanzas. Su música, sus cortos, sus pinturas, sus colaboraciones iban más allá de su cine, y por lo tanto formaban parte de la vida.
Nos ha dejado un gran cineasta, y un gran tesoro del mundo. Todo este trauma dumping no es inútil, es para recalcar en como David Lynch fue más que un cineasta; fue una bellísima persona y una reliquia mundial. Sin David Lynch no sé lo que hubiese hecho gran parte de mi vida hasta ahora. Sus enseñanzas, sus preguntas sin respuesta, sus experimentaciones, su música, su visión… Son historia. David Lynch me enseñó a querer la vida, a las personas y a apreciar la madera, el viento y el sol. Las notas musicales suenan diferentes después de que David Lynch te las traduzca en palabras. La vida, en general, suena diferente después que conozcas la existencia de David Lynch. Solo tengo un cometido este año, y es agradecer todo lo que me enseñó David Lynch. Así que todas mis gracias a este autor, quien me enseñó todo lo que sé sin conocerlo, y al fin y al cabo, me salvó la vida.
Blue skies, and golden sunshine all along the way!! Nunca te irás David Lynch, has conseguido cambiarnos a todos de alguna manera u otra. ¡Muchas gracias!