El menú degustación no nace para llenar el estómago, sino para contar algo. Su origen moderno se sitúa en la nouvelle cuisine francesa de los años setenta, cuando algunos chefs decidieron romper con la lógica de la carta tradicional y asumir el control total de la experiencia. Aquí no eliges: confías. Cada plato es pequeño, casi una idea, y solo cobra sentido cuando se entiende como parte de un conjunto. El orden, el ritmo y las cantidades están milimetrados para guiar al comensal por un relato culinario con principio, desarrollo y final. Es cocina de autor en estado puro: brillante cuando funciona, frustrante cuando no, pero siempre una declaración de intenciones. Esta podría ser una perfecta definición de Marty Mauser, el protagonista de hoy.
¡Qué pasa, familia! ¡Feliz año nuevo! Siempre existe la duda de hasta cuándo se puede felicitar el año. Algunos amigos me comentan que hay que decirlo la primera vez que ves a la otra persona después de fin de año. Otros dicen que caduca en el mes de enero. En cualquier caso, yo os felicito el año las veces que hagan falta, corazones. Después de la turra de tops que os hemos dado estas primeras semanas ya tocaba una crítica al uso. Las buenas costumbres. Un poco las ensaladas que te comes después de las comilonas de Navidad. O ir de rebajas a partir del 7 de enero.
En cualquier caso, año nuevo y mi cocina de críticas sigue abierta. Esta vez con un menú degustación, toma ya. Y no es para menos, pues la película que comentaremos se lo merece. Se podría comparar este formato culinario con la película que nos regala Josh Safdie: Marty Supreme. El film es constantemente un doble o nada. Partiendo de un argumento y unos protagonistas desmedidos, va subiendo la excesividad en el transcurso de la historia y eso comporta sus riesgos. Pero la verdad es que aquí el director sale muy bien parado.

Y no es para menos, pues la película había generado mucha expectación estas últimas semanas después de su estreno el día de Navidad en Estados Unidos. Que por cierto, a mí me van a tener que explicar lentamente la política de estrenos que tienen aquí algunas distribuidoras. No puede ser que un estreno estadounidense llegue a España meses más tarde. En este caso ha pasado un mes, pero por poner otros ejemplos, Hamnet se estrenó a finales de noviembre en EEUU y aquí llegó la semana pasada. Esto solo provoca el aumento del consumo de cine pirata en casa, al llegar estas películas antes a plataformas online que a los propios cines españoles. Pero esto ya es harina de otro costal.
Nos ponemos un poco en situación. En los Estados Unidos de los años cincuenta, Marty Mauser (Timothée Chalamet) es un talentoso y engreído jugador de ping-pong obsesionado con alcanzar la cima compitiendo en el campeonato mundial de Japón. No obstante, su objetivo de cruzar el océano se verá una y otra vez comprometido por el propio Marty: engaños, timos y traiciones que va acumulando a lo largo del trayecto, y que terminan convirtiendo su viaje hacia la gloria en un camino lleno de obstáculos provocados por sus propias decisiones.

De la película podemos destacar dos nombres propios. El primero es el de Timothée Chalamet. De niño prodigio a actor generacional. Cuando ves aparecer su nombre en los créditos iniciales como productor de la película, ya te puedes imaginar que se va a entregar al 100% a esta. Y por supuesto que lo hace. Un personaje tan pasado de vueltas como Marty Mauser necesitaba a alguien como él, que convierte en oro cualquier guion que toca. Si Leonardo DiCaprio se lo permite, tiene pinta que por fin logrará su ansiado Oscar. Tampoco me quiero olvidar del resto del reparto que, pese a ser nombres no tan conocidos, logran unas interpretaciones sublimes y dotan de profundidad la historia. A destacar una Odessa A’zion que logra establecer un contrapunto brillante al personaje principal y a la trama de la película.
El otro nombre propio es el de Josh Safdie. El Safdie bueno, al menos en la dirección, pues este año ha tenido mejor crítica y más relevancia Marty Supreme que la película de Benny, The Smashing Machine, cuyas críticas han sido algo tibias. En cualquier caso, Benny está haciendo sus pinitos como actor, pues después de sus brillantes papeles en The Curse y Oppenheimer, Nolan vuelve a contar con él para interpretar -ni más ni menos- que a Agamenón en La Odisea, así que cuidadín.
Volviendo a Josh, él solito ha rescatado esas películas de gángsters de los 90 en las que sobresalía el maestro (Marty) Scorsese y que en la actualidad parecían abandonadas. De hecho, Marty Supreme es como si metes en una batidora esas películas con música de sintetizador de los 80 y con otros biopics deportivos. Y a esta mezcla le añades LSD. Te sale un cóctel explosivo. Y como todo en esta vida, no es apto para todos los paladares. Pero eso es lo bueno que tiene el film, ese doble o nada del que hablaba al principio. Marty Supreme no viene a gustar a todos, viene a gustarte a ti si te dejas sumergir por su singular historia. Y eso ya lo ves venir con los créditos iniciales, que no os pasarán desapercibidos por ese «Forever Young» de Alphaville sonando a todo trapo; es imposible que te deje impasible.

Siempre me gusta dar una pincelada al apartado técnico de las películas, y hoy no será menos. La selección musical y la banda sonora magnética de Daniel Lopatin es para ponérsela cada mañana y salir a comerte el mundo. Quizá acabarás cogiendo la Renfe y llegando una hora tarde a tu trabajo de mierda de 8 horas delante de una pantalla, pero la motivación no te la va a quitar nadie, campeón. Terrible esa no-nominación al Oscar. Y la dirección de fotografía también merece mención. No todos los días se cuenta detrás de cámaras con Darius Khondji, el DoP de Seven (David Fincher, 1995) entre otras muchas. Su trabajo es espléndido y dota de luz y, sobre todo, de oscuridad, esta irreverente historia.
Para acabar, me gustaría lanzar una propuesta. Hace un par de años se puso de moda el fenómeno «Barbenheimer», que consistía en hacer un programa doble de Barbie (Greta Gerwig) y Oppenheimer (Christopher Nolan) al coincidir en fecha de estreno. De hecho, la gente ya espera el «Dunesday», pues estas próximas navidades podemos esperar el mismo fin de semana Avengers: Doomsday y Dune: Messiah. Pues yo propongo «Hamnet Supreme». Un domingo por la noche fui a ver Hamnet y, como no se podría saber, la película te hace añicos por dentro, pero sales del cine con una vitalidad renovada. Pues esa misma sensación tuve 5 días después al salir del mismo cine de ver Marty Supreme. Y es que, pese a ser dos películas con un ritmo y una historia completamente opuestas, sus finales confluyen en un canto a la vida. Y seguramente eso es lo más bonito del cine, el poder de ser conmovido de maneras tan diferentes. ¡Nos vemos en las salas!

