¿Alguna vez habéis participado en una producción teatral? No me refiero profesionalmente, sino de forma «amateur» y autoproducida. La sensación de arrancar un proyecto y trabajar en él hasta verlo cristalizado en unas dos horas efímeras y olvidables para todos aquellos asistentes (familiares y amigos, mayormente), pero perennes en el recuerdo de aquellos que se han dejado la vida por tirarlo adelante. Es casi terapéutico. O sin el casi, porque lo que nos propone Las vidas de Sing Sing (Greg Kwedar, 2023) es que el trabajo en equipo, el esfuerzo y el valor cultural de una producción teatral, puede ser tan útil para la reinserción social de los presos como la más dura de las sentencias.

La película no busca construir complicadas tramas ni tortuosas redenciones. No es una película carcelaria como Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994) o Modelo 77 (Alberto Rodríguez, 2022). Las vidas de Sing Sing es un optimista relato de superación que muestra la producción de una obra teatral en una cárcel de máxima seguridad. Los personajes realizan esta actividad de forma voluntaria y, en general, afrontan las tareas con ganas; no se busca dar poderes mágicos al teatro, sino demostrar la importancia de encontrar algo que te motive. La propuesta puede parecer pastelosa y algo pueril; y lo parece porque lo es. ¿Acaso no nos gusta a todos una buena «feel-good movie»? A pesar de su buenrollismo algo forzado, el film va de cara y no pretende engañar. Busca lágrimas facilonas y sonrisas algo huecas, no quiere estar en las listas de Cahiers du Cinema, sino que tu madre se la recomiende a su compañera de Zumba.
La fuerza de la película está en el reparto, pues, salvo Colman Domingo y Paul Raci, todos los personajes los interpretan presos reales con ambiciones interpretativas. La sensación de comunidad cobra vida a través de los gigantes con antecedentes y pinta de peligrosos que solo quieren pasarlo bien creando algo hermoso. Destaca Clarence Maclin, que vehicula la película mediante su inclusión al grupo y es el encargado de traspasar la pantalla con su vulnerabilidad ruda. Domingo vuelve a demostrar que es uno de los actores de moda (arrastrando otra nominación al Oscar por el camino) con otra interpretación física y sufrida. Su voz y sus llantos eclipsan el resto de interpretaciones, pues se deja la vida en cada escena.

Las vidas de Sing Sing no quiere ser una película intelectual, sino buenrollera, simpática e inspiradora. Por una vez, los personajes deciden no interpretar a Shakespeare o un drama estadounidense de August Wilson o Tennessee Williams para escribir una obra propia que incluye a Hamlet, Freddie Krueger, viajes en el tiempo y piratas. Del mismo modo que Las vidas de Sing Sing, la obra no quiere ser revolucionaria, pero, a su manera, si que quiere cambiar el mundo recordándonos lo bien que sienta pasárselo bien y remar todos a favor de una misma idea.